RockWatch: el arte de fabricar relojes de piedra
. La innovación es una de las mayores señas de identidad de la relojería de Tissot. Con la naturaleza, el paisaje suizo y su propio legado como fuentes de inspiración, la marca ha desafiado continuamente los límites del diseño tradicional mediante la experimentación con los materiales.
En 1969, el Sideral fue el primer modelo de fibra de vidrio de la historia de la relojería, un material ligero, resistente y revolucionario. Le siguió el Idea 2001 en 1971, el primer reloj mecánico de plástico del mundo. Estos atrevidos pasos hacia materiales poco convencionales condujeron a una de las creaciones más audaces de Tissot: el RockWatch, lanzado en 1985 y fabricado con granito.
En 2025, el RockWatch vuelve para reivindicar el espíritu pionero de Tissot, en una edición limitada. Basándose en la creencia de que la propia naturaleza marca el camino hacia el progreso, cada reloj es una pieza única, porque está tallado en granito procedente del Jungfrau. Transformar la piedra en reloj es una proeza tecnológica que requiere un mecanizado avanzado y un profundo respeto por el material y la artesanía. El RockWatch es el perfecto equilibrio entre la naturaleza y el legado. Un modelo fabricado con granito de los Alpes, que cobra vida gracias a la excelencia suiza, diseñado para quienes consideran que el tiempo es algo que merece la pena preservar.
El proceso de creación del RockWatch
La aventura comienza con granito procedente del corazón de los Alpes. Este granito, extraído durante la renovación del túnel del Jungfrau, llega al taller en grandes bloques. A continuación, se forman cilindros mediante el fresado, que se cortan en secciones más pequeñas para reducir la tensión interna de la piedra y facilitar su manipulación durante las fases de mecanizado. Para preservar el espíritu del RockWatch original, estas piezas en bruto se confían a los mismos artesanos que elaboraron la primera edición en 1985. Esto garantiza que el proceso siga siendo lo más auténtico y fiel posible a sus orígenes.
A continuación, los bloques se moldean y afinan para alcanzar gradualmente el diámetro final de la caja: 38 mm. El granito se somete a un meticuloso proceso de esmerilado, en el que se utiliza una presión controlada y compuestos abrasivos para lograr una superficie lisa y uniforme. El perfil exterior se esculpe con herramientas de precisión micrométrica, para asegurar que cada pieza se adapta a unas estrictas normas de tamaño.
En esta fase, la piedra está lista para ser vaciada. Este proceso es uno de los más delicados de toda la producción. Los técnicos tallan la cavidad central con una fineza submilimétrica. Esta cavidad es esencial para albergar el movimiento y la precisión debe ser máxima: la integridad de la piedra y el rendimiento del reloj dependen de ello.
Para proteger el fondo de la caja y evitar que el movimiento se desplace, se fija un recipiente de acero dentro de la caja de piedra. Este elemento estructural proporciona estabilidad y permite alojar el movimiento de forma segura.
A continuación, se aplica la marca tipográfica con el logotipo mediante tampografía, una técnica que utiliza un sello de silicona blanda para transferir con delicadeza el diseño a la superficie de la piedra. Se aplica una fina capa de pintura acrílica para garantizar un acabado nítido y duradero, que complemente el carácter natural de la piedra.
Una vez montado el movimiento dentro del recipiente, se añaden las agujas y el cristal de zafiro. Las agujas de Tissot, fabricadas con latón estampado, están pulidas y sutilmente curvadas para seguir los contornos de la superficie de granito, un detalle que añade complejidad y precisión al conjunto. Sobre ellas, un cristal de zafiro abombado antirreflejos, muy resistente por su material, protege las agujas del reloj. Su forma abombada refleja la forma de la caja y, además de proteger la esfera del reloj, permite admirar los delicados detalles del granito sin reflejos. Después, empiezan los retoques finales. El fondo de caja grabado con la inscripción "Jungfrau - Top of Europe" y un número de serie único se coloca y atornilla cuidadosamente y se monta el brazalete.
El RockWatch recuerda el ingenio que fue necesario para materializar un concepto semejante en 1985. Tissot consiguió diseñar un reloj de piedra en una época en la que tal artesanía parecía inimaginable, lo que dice mucho del espíritu visionario de la marca. A lo largo de los años, Tissot ha dominado y perfeccionado las técnicas, y ahora, el nuevo RockWatch está listo para conquistar nuevos territorios. Disponible en una edición limitada de 999 piezas, cada reloj se presenta en un estuche especial de coleccionista, con un diseño que recuerda a un bloque de granito y se hace eco de la belleza brutal de la montaña de la que procede la caja del reloj.